Nueva Caledonia (Kanaky) fue poblada por los melanesios (kanakos) hace 3 mil años. El capitán inglés James Cook la llamó Caledonia en 1774, por el parecido con las colinas arboladas escocesas, llamadas por los romanos Caledonia. En 1853 su isla principal fue ocupada por la marina francesa, que creó una guardia local para reprimir insurrecciones. La minería de níquel y cromo atrajo miles de colonos galos. La religión, el arte, y la organización social nativas fueron arrasadas y los nativos confinados en reservas. Las terrazas construidas para los cultivos sucumbieron a la ganadería. La última rebelión armada fue sofocada en 1917 y aceleró la confiscación de tierras por parte de los europeos.

El proceso colonizador se agravó con la independencia de Argelia y la llegada de pieds-noirs (colonos franceses ultraderechistas). En 1946 Kanaky se había convertido en Territorio de Ultramar francés, pero la autonomía política para asuntos locales favoreció a los caldoches (población de origen europeo).

En 1970, el descontento con la situación económica producida por la dominación colonial motivó una secuencia de huelgas, ocupaciones de tierras, experiencias cooperativistas y una campaña por la restitución de las tierras tribales ocupadas por los colonos. Rescataron la tradición cultural (la coutume), la identidad kanaka, y rechazaron la irrupción en tierras tribales del turismo de lujo, organizado por el «Club Méditerranée».

Las reivindicaciones de los kanakos fueron apoyadas por países melanesios independizados (Fiji, Islas Salomón, Papúa-Nueva Guinea y Vanuatu) y así lo manifestaron en el Foro del Pacífico Sur, de agosto de 1981. En setiembre, el líder independentista Pierre Declercq, católico de origen europeo, fue asesinado en su casa por la extrema derecha, lo que dio paso a una abierta crisis política.

Francia se mostró renuente a otorgar la independencia ya que Kanaky poseía el segundo yacimiento de níquel del mundo y además abundantes reservas de cromo, hierro, cobalto, manganeso y nódulos polimetálicos descubiertos en su lecho marino.

Kanaky poseía, además, valor estratégico desde una óptica militar. Sus puertos, instalaciones y bases (que concentraban una pequeña flota de guerra estacionaria, incluyendo un submarino nuclear) eran consideradas, por el alto mando francés, un «punto de apoyo vital» para la cercana Mururoa –con su establecimiento de ensayos nucleares–.

Cuando en 1981 François Mitterrand fue elegido presidente las esperanzas de los partidos independentistas crecieron. El líder socialista francés fue respaldado por la mayoría de los kanakos, que buscaban la independencia para terminar con la injusta distribución del ingreso, que era de 7.000 dólares per cápita, pero que en realidad se concentraba en manos de hombres de negocios europeos, los métros, que gozaban de beneficios fiscales y de los caldoches, que ocupaban los altos cargos públicos.

En 1984 la Asamblea Nacional Francesa legisló un marco especial de autonomía para la colonia, pero rechazó enmiendas presentadas por los partidos independentistas. Esto confirmó que el gobierno socialista francés no tenía intención de otorgar la independencia. En noviembre, el Frente de Liberación Nacional Kanako Socialista (FLNKS) declaró el boicot a las elecciones locales para la Asamblea Territorial, que asegurarían el plan de posponer indefinidamente la independencia de Kanaky.

En diciembre de 1984, el gobierno local quedó en manos de los caldoches; el FLNKS proclamó la independencia de Kanaky y la creación de un Estado kanako. El resultado de las elecciones fue boicoteado por un 80% de la población kanaka, obligando al gobierno a anular las elecciones y preparar negociaciones.

En diciembre de 1986, luego de que el FLNKS obtuviera la mayoría en las elecciones para la Asamblea Territorial realizadas en setiembre, la Asamblea General de la ONU proclamó el derecho del pueblo kanako a la autodeterminación y la independencia, y propulsó el reconocimiento del FLNKS como su representante legítimo.

En 1987 se llamó a referéndum para determinar si se mantenían los lazos con la metrópoli. En la votación participaron europeos e inmigrantes con tres años de antigüedad en el archipiélago, razón por la cual el FLNKS llamó a boicotear esa votación. La abstención alcanzó el 41,5%.

Al fracasar las iniciativas de los kanakos en pro de la negociación los franceses atacaron militarmente la isla de Ouvéa, dejando 19 muertos. La población denunció que tropas francesas realizaron razzias, torturas, fusilamientos y todo tipo de violaciones a los derechos humanos.

En 1988, el presidente del FLNKS, Jean-Marie Tjibaou y Jacques Lafleur –líder de la Asamblea Popular Caledoniana para la República, opuesta a la independencia– firmaron en París la Sección I del Acuerdo de Matignon, bajo los auspicios del primer ministro francés Michel Rocard. A partir de julio de ese año se restableció el gobierno directo de Kanaky desde París. La Sección II del Acuerdo estipulaba la adopción de medidas preparatorias para la votación de la autodeterminación prevista para 1998 y el congelamiento de los padrones electorales, para evitar que Francia aumentara el número de votantes con el envío de nuevos colonos.

El territorio se dividió en tres regiones, dos de ellas con mayoría de electores kanakos. La división administrativa buscaba crear una «élite» política y financiera melanesia, partiendo del ejercicio del poder por parte de los independentistas en gran parte del territorio. Otras disposiciones de los acuerdos preveían un mayor aporte financiero de París durante los diez años siguientes.

En un primer referéndum ese mismo año se ratificaron los acuerdos. En 1989, Tjibaou y otro dirigente independentista partidario de los Acuerdos de Matignon fueron asesinados en Ouvéa.

En 1991, la balanza comercial se vio afectada por la caída de los precios internacionales de níquel y de pescado. En las provincias controladas por los independentistas surgió una generación de nuevos dirigentes, pero la situación de gran parte de la población melanesia empeoró. La desigualdad de ingresos entre kanakos se agudizó y un mayor acceso al consumo alejó a muchos melanesios de sus estructuras comunitarias y de sus tradiciones.

En el sector caldoche, en Nouméa, se agudizaron las desigualdades sociales, no sólo por la llegada de agricultores melanesios que construyeron barriadas en las afueras de la ciudad, sino también por el empobrecimiento de ciertos caldoches. En un contexto de creciente tensión social, se multiplicaron los incidentes callejeros.

Las repercusiones políticas de estas contradicciones sociales se reflejaron en las elecciones provinciales de 1995. El Palika, uno de los miembros del FLNKS, presentó listas separadas, criticando la gestión de los representantes del Frente en las dos provincias controladas por los independentistas.

En abril de 1998 el FLNKS y París establecieron las bases para un acuerdo general, denominado acuerdo de Nouméa. La coexistencia de dos sistemas diferentes –la tradición kanaka y lo impuesto por Francia– fue el aspecto de más difícil solución. El acuerdo de Nouméa organizaba las transferencias de competencias que deberían asegurar una «casi soberanía» al territorio, en un lapso de 15 o 20 años.

A fines de1998 se realizó un referéndum para ratificar los acuerdos de Nouméa. La victoria correspondió al Sí, con el 69% de los votos. En diciembre, el texto de la ley orgánica definió las modalidades de aplicación de dichos acuerdos. Ese mes, el Congreso votó los proyectos de ley para el nuevo país, que preveían la puesta en práctica de nuevas instituciones, así como una transferencia «progresiva» de las competencias del Estado.

A fines de 2002, se realizó una manifestación por el cese de explotación de minas. Los manifestantes exigían la anulación de un permiso de explotación de níquel en Prony, concedido por autoridades francesas a la empresa Goro Nickel, de la compañía minera INCO de Canadá. En consecuencia se bloquearon las obras de construcción y Goro Nickel retiró de sus islas a sus trabajadores, y suspendió las operaciones.

La victoria en 2004 del anti-independentista Avenir ensemble (Futuro Juntos, cuya base la integran caucásicos y polinesios), que puso fin a la hegemonía del RPCR (Asamblea Popular Caledoniana para la República, también anti-dependista pero hasta entonces percibida como la voz exclusiva de los blancos caledonianos) fue vista como un signo de que la sociedad kanaka estaba experimentando profundos cambios.

La presidenta Marie-Noëlle Thémeresau, electa en 2004, renunció en julio de 2007. El gabinete quedó automáticamente disuelto y sus miembros formaron un gobierno provisorio.