Reportes Especiales
Hong Kong

La isla de Xianggang (Hong Kong) fue cedida a Gran Bretaña «a perpetuidad» en 1842, cuando los ingleses atacaron China en la primera Guerra del Opio. Años más tarde los ingleses consiguieron los derechos de Kowloon, península territorial frente a la isla. En 1898, los británicos obligaron a China a cederles un arriendo por 99 años de la zona rural situada al norte de Kowloon, conocida como «Nuevos Territorios».

Xianggang fue utilizado como centro commercial y punto de entrada a China. En 1950, luego de la victoria comunista en China, Estados Unidos y Gran Bretaña le impusieron un bloqueo comercial. Xianggang tuvo que importar todo su consumo básico de ultramar y debió fomentar las exportaciones y transformarse en una base de industria ligera, gran exportador de textiles, prendas de vestir, productos de plástico y electrónica. Al igual que en Taiwán y Corea del Sur, este desarrollo fue generosamente apoyado por las potencias occidentales, interesadas en promover estos «bastiones» de la Guerra Fría.

El crecimiento comercial y de la industria exportadora también convirtió a Xianggang en un centro financiero, de comunicaciones y de transporte. Contribuyó también la política del gobierno, que fijaba bajos impuestos y aranceles aduaneros mínimos, y aseguraba confiabilidad y libertad en los movimientos de capital.

A fines de la década de 1970, China anunció una etapa de apertura al comercio y a la inversión externa. Xianggang –que poseía uno de los mejores puertos naturales del mundo, sofisticados sistemas de inversión y comercio y grandes terminales para contenedores– estaba en condiciones de sacar enormes ventajas.

Casi la totalidad de la población era de origen chino, llegada en sucesivas oleadas migratorias, especialmente tras la fundación de la República China en 1912.

A comienzos de 1980, Londres y Beijing iniciaron conversaciones acerca del futuro de Xianggang; el arriendo por 99 años de la mayoría del territorio concluía en 1997. El pueblo de Xianggang no estuvo representado en esas deliberaciones.

Un acuerdo alcanzado en 1984 estableció que China recuperaría la soberanía sobre el territorio, pero éste contaría con un «alto grado de autonomía» como Región Administrativa Especial.

En 1991, por primera vez en 150 años, los habitantes de Xianggang eligieron a los miembros del Consejo Legislativo. Los candidatos de la coalición Demócratas Unidos (UDHK), críticos del gobierno colonial de Xianggang y de China y partidarios de profundizar la democracia, ganaron la mayoría de los puestos.

El gobernador británico Chris Patten reformó el sistema electoral, separando totalmente los poderes ejecutivo y legislativo. China señaló que la reforma contradecía la Ley Básica.

En 1994 Patten impulsó un plan para aumentar el número de votantes en las elecciones de 1995, provocando una nueva polémica con Beijing. En setiembre de 1995, el Partido Demócrata, opuesto a la interpretación oficial china de la Ley Básica, triunfó en los comicios.

En julio de 1997, China recuperó el control de Xianggang. Tung Chi Hwa fue designado para encabezar el nuevo ejecutivo, asistido por el Consejo Legislativo.

Según la nueva ley, Xianggang conservaría por 50 años sus derechos, libertades y autonomía judicial, así como su naturaleza de centro financiero y comercial internacional. Beijing controlaría la defensa y las relaciones exteriores.

La reunificación inició la etapa «un país, dos sistemas», por la combinación de la economía de libre mercado de Xianggang con el rígido control político del resto de China.

El traspaso ocurrió en un contexto de espectacular crecimiento de la economía china, que no daba señales de detenerse. La economía de Xianggang era considerada la tercera en el mundo y el tercer centro financiero internacional después de Nueva York y Londres.

La crisis financiera asiática golpeó más duramente a Xianggang que al resto de China. Las exportaciones cayeron, la economía se contrajo 7% en el tercer cuarto de 1997 y el desempleo alcanzó los índices más altos desde 1982.

En junio de 1999, Beijing se vio forzado a intervenir en el sistema judicial de Xianggang para evitar una inmigración masiva hacia la ciudad. El Tribunal Supremo local había otorgado el derecho de ciudadanía a todos los chinos hijos de ciudadanos de Xianggang; esa decisión la puso en riesgo de ser «invadida» por casi dos millones de personas (cifra equivalente a un tercio de su población).

En las elecciones de mayo de 1998 el Partido Demócráta obtuvo la mayoría de los votos, pero debido a la inclusión de circunscripciones especiales (por oficios o corporaciones), el control del legislativo quedó en manos de los sectores pro-chinos. Los partidos llamados «democráticos» (pro occidentales), pese a obtener 60% de los votos, ocuparon sólo 33% de las bancas.

Entre 2001 y 2002, la economía fue afectada por una recesión profunda. El desempleo llegó a 6,7% en 2002, el más alto en 20 años.

En julio de 2003, Tung Chee Hwa pospuso la votación de un proyecto de ley anti-subversión, tras protestas públicas contra la Ley de Seguridad Nacional. La ley permitiría condenas a cadena perpetua por actos de subversión, sedición, o traición a China, además de otorgar mayor poder a la policía. Tras las protestas, la ley fue archivada.

En abril de 2004, la principal junta legislativa de China decretó que Xianggang podría cambiar sus leyes electorales a partir de 2005, pero primero debía obtener el permiso de Beijing. Dirigentes pro democracia afirmaron que la medida socavaría la autonomía del territorio.

A principios de julio de 2004, más de 250 mil personas tomaron las calles de Xianggang para reclamar mayor democracia, criticar al gobierno por el manejo de un brote del virus del Síndrome Agudo Respiratorio Severo (SARS) que causó la muerte de 299 personas entre marzo y junio de 2003, por el alto desempleo y, principalmente, para expresar su desacuerdo con la ingerencia de Beijing en la elección de gobernantes.

Donald Tsang fue designado en junio de 2005 por un Comité Electoral para suceder a Tung Chee Hwa, quien renunciara alegando problemas de salud, hasta el fin de su mandato en 2007.

En febrero de 2006, el gobierno chino advirtió al arzobispo de Hong Kong Joseph Zen –notorio crítico de la política religiosa de Beijing– que no opinara sobre cuestiones políticas, poco después de que este fuese ordenado cardenal por el Papa Benedicto XVI. En mayo, desoyendo la advertencia, el prelado declaró que el Vaticano debería suspender las negociaciones para restablecer relaciones diplomáticas con China.


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